Crítica y reflexión sobre “Harvey”

Nunca había oído hablar de esta película, sinceramente. Aunque ahora que lo pienso, recuerdo que una vez mi padre mencionó algo sobre una película que trataba de un hombre cuyo mejor amigo era un conejo blanco de 2 metros, pero era invisible a los ojos de los demás. No me había encontrado con esta película cara a cara hasta ayer, por casualidades de la vida, cuando vi un vídeo de unos de mis escritores favoritos en el que hablaba sobre la depresión y la perspectiva (podéis verlo pinchando aquí) y mencionaba esta película y algunas frases de la misma, diciendo que, una vez que vió la cinta, al día siguiente se sintió muchísimo mejor. Así que me dejé influir (como me pasa siempre con este hombre) y me puse a buscar la película que, curiosamente, estaba en la estantería de mi padre. ¿Casualidad? Puede.

Harvey (o “El Invisible Harvey” en España) trata, como he dicho anteriormente, sobre Elwood P. Dowd (James Stewart), un hombre aparentemente normal, amable y simpático cuyo mejor amigo es, según él, un conejo blanco de 2 metros con el que comparte largas noches en el bar. Obviamente, si nos encontráramos una persona así en la vida real, y nos presentase a Harvey, un conejo inexistente a nuestros ojos, creeríamos que está loco. Bueno, puede que Elwood lo esté, pero no resulta algo amenazador, ¿no te parece?.

Doctor, verá, cuando yo era un niño mi madre tenía la costumbre de decirme “En este mundo, Elwood, es preciso que uno sea o muy listo o muy bondadoso”. Durante años fuí muy listo. Le aconsejo ser bondadoso. Divulgue mi consejo”.

Mientras veía la película no podía dejar de pensar en la sociedad, en la psicología y en el porqué de las cosas. La película tiene muchos diálogos interesantes, capaces de hacerte cambiar la perspectiva de la cosas. Una de ellas, que seguramente se me ha quedado grabada en mi mente sin darme cuenta es una en la que el psiquiatra y Elwood hablan sobre Harvey: Imagen“Harvey y yo hemos entrado a un bar como extraños y pronto hacemos amigos. Vienen y se sientan a nuestro lado. Beben con nosotros, charlan con nosotros y nos cuentan las maravillosas y las grandiosas cosas que han hecho y que harán. Sus esperanzas, sus desengaños, sus amores y sus odios. Todo es grandioso. Porque jamás se ha visto que nadie hable de nimiedades en un bar. Entonces, yo les presento a Harvey y éste es más grande y extraordinario que todo cuanto ellos me ofrecen y cuando se van, se van impresionados. No se suelen volver los mismos pero, eso es envidia. Aún en los mejores hay un poquito de envidia. Es una lástima, ¿verdad?”

No he podido evitar coger el mando y darle hacia atrás viendo esta escena una y otra vez hasta que había absorbido y saboreado totalmente cada una de las palabras que dice Elwood. Envidia. A lo largo de la película, vemos cómo Elwood presenta a cada persona con la que se encuentra a Harvey y vemos cómo éstas personas miran a Elwood con cara de desconcierto y enseguida se van, seguramente pensando “está loco”. Cada vez que les presenta a Harvey, todo el mundo huye de él. Envidia. No había pensado en esa palabra hasta que la menciona. Y no podría estar más de acuerdo. Otra de las escenas que más me han impactado es cuando Elwood se pone a hablar con el director del Psiquiátrico sobre Harvey y, en cuestión de segundos, cambian los papeles y es el director quién le cuenta sus problemas, sueños y preocupaciones a Elwood (podéis verla aquí).

Elwood es una persona simpática, amistosa, generosa, amable y bondadosa. La imagen perfecta de un hombre feliz y humano. Si no encontrasemos una persona así, lo más probable es que quisiéramos estar más tiempo junto a ella. Nos aporta felicidad, comprensión y buena compañía. Pero, ¿saldríamos huyendo si nos presentase al tal Harvey?. No es hasta el final de la película cuando podéis encontrar la respuesta, una escena en la que la hermana de Elwood, Veta (que le lleva al Psiquiátrico para intentar que Elwood recobre la consciencia, por su bien) habla con el taxista que les lleva a ese lugar:

– Taxista: Señora, en 15 años he hecho muchas veces este trayecto. He traído gente aquí para que les pusieran esas inyecciones y luego los he llevado de vuelta a sus casas completamente cambiados.

– Veta: Ojalá, Dios quiera que sea así.

– T: No diga tonterías, cuando los traigo van sentados y disfrutando del paseo. Hablan conmigo. A veces, nos detenemos a contemplar las puestas de sol y los pájaros. En muchas ocasiones, contemplamos los pájaros donde no hay pájaros y las puestas de sol aunque esté lloviendo. ¡Qué bien lo pasamos! Y siempre dan buenas propinas. Pero después, ay…ay…Después gruñen, gruñen y gruñen. Me gritan que vigile los frenos, las señales, los cruces y que conduzca más deprisa. Ya no tienen confianza ni en mí ni en mi coche. Y sin embargo, es el mismo coche, soy el mismo conductor y volvemos por el mismo camino. Ya no hay diversión ni hay propinas.

– V: Mi hermano le hubiera dado propina. Siempre ha sido muy generoso.

– T: No lo será después de esto. Se convertirá en un ser absolutamente normal.

¿Sentiríamos envidia de Elwood? ¿Sentiríamos envidia de él porque es…feliz? Mi respuesta personal es . En la película, por más que la gente se burlase de él o hiciese comentarios inapropiados, Elwood no se inmutaba. Sonreía y seguía su camino. Algo envidiable en los tiempos que corren. Pero, entonces, ¿el hacer eso y tener un amigo imaginario es estar loco? ¿O es ser inteligente?

Supongo que cada persona afronta sus problemas, preocupaciones y traumas a su manera o con los recursos de los que dispone. Elwood perdió a su madre y puede que Harvey fuese su recurso para volver a ser feliz y sonreír a la vida.

– Dr Sanderson: Tenemos que enfrentarnos a la realidad tarde o temprano.

– Elwood: Yo he luchado con la realidad durante 35 años, Doctor. Y puedo decir con alegría que, al final, he vencido.

ImagenNo todo el mundo es feliz. Me atrevería a decir que pocas personas son realmente felices. Elwood la encuentra en Harvey. Otros lo encuentran en libros, películas, música, viajes o, sin ir más allá, en las personas que les rodea. Cada persona tiene su propia concepción de la Felicidad. Y eso, nos hace únicos a cada uno. Pero que seamos distintos, vayamos contra corriente, rompamos con el status quo y pensemos de forma distinta, no significa que estemos locos.

¿O sí?

 
 
 

 


 

 

 

 

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