Vivir el presente para tener un futuro

Siempre hemos escuchado o nos han dicho esa famosa frase de “Nadie te está obligando”, pero la pregunta es: ¿De verdad que no me estás obligando?

Se habla mucho en los medios de comunicación y en las leyes de la Libertad. Pero, ¿qué es la libertad? ¿A qué libertad nos estamos refiriendo? ¿Libertad de pensamiento? ¿Libertad de acción? ¿Qué es la libertad? Y, por el lado contrario, ¿qué es la esclavitud?

A lo largo de los años, desde que nos empezamos a comunicar mediante señales de humo a comunicarnos a través de mensajes de texto, el ser humano ha ido sufriendo, entre unas desgracias y otras, una serie de cambios. Y con ello, han cambiado las definiciones de “libertad” y de “esclavitud”. Si le preguntases ahora mismo a alguien por la calle “¿Qué es la esclavitud?” la respuesta más similar podría ser la de “Trabajar para otros” o, alguna respuesta más sencilla y obvia, “No tener libertad”. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero ¿y si ahora te digo que tú, que estás leyendo esto, eres un esclavo? ¿Qué me contestarías? ¿Qué no? ¿Qué no trabajas para nadie, que nadie te controla y que tú eres dueño de tu propia vida? ¿O me dirías que sí porque te has dado cuenta como lo he hecho yo?

Puede que el término de “esclavitud” no sea el más apropiado, aproximado, ni similar al tipo de “esclavitud” que podemos encontrar en algunos países en desarrollo. No hay color. Pero, que no os engañen; en los países desarrollados hay esclavitud. Puede que los trabajos forzosos o la falta de libertad personal, como se da en los países en desarrollo, no sean las definiciones o ejemplos predominantes en los países desarrollados. En éstos se da un tipo de esclavitud totalmente diferente aunque no muy alejada a la verdadera esclavitud.

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No somos libres.

Leí en un libro, hace ya algunos años y que a día de hoy le sigo dando muchas vueltas, en el que se hablaba del futuro. O más bien del “ahora”. En una de las conversaciones entre los dos personajes principales de este libro, uno de ellos se da cuenta de que no somos libres. Que lo que hacemos ahora, tiene una consecuencia en el futuro, nuestro futuro y que somos inducidos a tomar ciertas decisiones para asegurarnos ese futuro.

¿Sabías que para casi toda la historia de la especie humana, el promedio de vida era de menos de treinta años? Podías contar con 10 años de vida adulta ¿verdad? No había ninguna planificación para la jubilación. No hubo ninguna planificación para una carrera. No había ninguna planificación. No había tiempo para planificar cosas. No había tiempo para un futuro. Pero entonces los ciclos de vida empezaron a cambiar y cada vez vivíamos más, y la gente empezó a tener más y más futuro. Y ahora la vida se ha convertido en el futuro. Cada momento de tu vida lo vives para el futuro: ir a la escuela para que poder ir a la universidad para poder tener un buen trabajo para poder tener una buena casa para poder darse el lujo de enviar a tus hijos a la universidad para que puedan conseguir un buen trabajo para que puedan tener una buena casa para que puedan darse el lujo de enviar a sus hijos a la universidad.”

En parte, somos libres. Pero no tenemos dónde elegir. Desde pequeños nos inducen a la idea de qué hay que hacer para tener éxito en la vida. Las normas a seguir. Los pasos a seguir en una vida que, a lo mejor, no queremos.

¿Por qué nos educamos? ¿Por qué estudiamos Historia si seguimos cometiendo los mismos errores, o vamos camino de ellos, en el presente? ¿Por qué estudiamos Matemáticas? ¿Por qué estudiamos determinadas asignaturas?¿Por qué hay que ir a la Universidad? ¿Desde cuándo ir a la Universidad está mejor visto y es más prestigioso que aquel que quiera seguir trabajando en la finca de su casa? ¿O en la construcción? ¿O de aquel que quiere dejar los estudios y quiere ver mundo? ¿Por qué el éxito profesional se basa en la cantidad de dinero que ganes? ¿Por qué el éxito social se basa en el número de amigos que (crees) que tienes? ¿Por qué se dice que el dinero da la felicidad?

Vivimos en un mundo del que somos esclavos sin saberlo. Y sabes que eres uno de ellos cuando has pensado, al menos una vez, en dejarlo todo, coger una mochila y escapar.

Pero sólo los más valientes cogen esa mochila.

Sólo los más valientes son libres.

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